El viernes 17 de octubre, nuestro Colegio Seminario Conciliar vivió un emotivo reencuentro con su historia. Los antiguos estudiantes, Jorge Peralta Reyes y Juan Pinto Contreras, de la generación de 1975, volvieron al colegio después de cincuenta años para reencontrarse con una de las huellas más significativas que dejaron en su paso por esta institución: el mural de la Última Cena, ubicado en el comedor de básica.
La obra fue realizada en 1976, cuando ambos ya habían egresado del colegio, bajo la guía y amistad del Padre Piero Visigalli. Junto a ellos trabajó un joven vecino del colegio, quien poseía grandes aptitudes para el arte, Héctor González Guzmán (Q.E.P.D.), quien lideró el proyecto y plasmó con talento el bosquejo de la pintura, el cual es un diseño original creado para la ocasión. Durante seis a ocho meses, los jóvenes dedicaron sus fines de semana, sábados completos y, en ocasiones, domingos, a dar vida al mural, ajustando sus tiempos personales con la convicción de que estaban creando algo que permanecería más allá de su generación.
Para preparar la superficie, se solicitó enlucir toda la pared con yeso, cuidando que la pintura pudiera mantenerse firme con el paso del tiempo. Cada detalle fue pensado con esmero en el mural, pues la ausencia de sillas, reemplazadas por cojines para mantener fidelidad histórica; la composición arquitectónica, que ubica a los personajes en un plano íntimo y humano; y hasta la comida sobre la mesa, cuidadosamente elegida para reflejar la época; recalcan Peralta y Pinto, fue de gran esmero y detalle para diferenciarse y destacar su diseño por sobre otras representaciones.
El resultado fue una obra de gran fuerza simbólica y espiritual, acompañada por una frase escogida por los mismos autores, que incluso hoy transmite una profunda coherencia al ser un mensaje de fe y fraternidad. “Os doy un nuevo mandamiento: Que os améis los unos a los otros”.
El mural se convirtió en un ícono del colegio, pues reviste al comedor de básica con una obra esplendorosa que jamás pasa inadvertida y ha acompañado a decenas de generaciones seminaristas. Además, sin lugar a dudas, es también un recordatorio silencioso del arte, la devoción y el amor puestos al servicio de la comunidad educativa, pues los antiguos estudiantes, pintaron y dispusieron de su talento y tiempo en favor del porvenir de las futuras generaciones.
De manera icónica e increíble, en este octubre del año 2025 fue la primera vez que los autores se reencontraron con su obra después de casi cinco décadas, un momento profundamente emotivo que unió pasado y presente. En sus palabras se reflejaron la nostalgia, el orgullo y la gratitud por haber formado parte de una historia que continúa viva entre los muros del Seminario Conciliar.
La fraternidad y caridad expresada en el arte transforma al mural de la Última Cena en un símbolo de la identidad seminarista, una muestra de cómo lo trazado hace cincuenta años con fe, permanece y se renueva, tal como el fervor cristiano de la educación Barnabita lo hace para forjar grandes personas para el porvenir.

